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Facciata Ca' Rezzonico

La sede y la historia

El palazzo que alberga el Museo del Siglo XVIII Veneciano fue construido por encargo de la familia Bon, una de las antiguas familias nobles de la ciudad. A mediados del siglo XVII, Filippo Bon confió el proyecto al arquitecto más célebre de su tiempo, Baldassare Longhena, autor también de Ca’ Pesaro y de la basílica de Santa Maria della Salute.

Sin embargo, la monumental obra resultó demasiado ambiciosa para las posibilidades económicas de la familia Bon. Cuando Longhena falleció, en 1682, el edificio aún no estaba terminado y, poco después, debido a la imposibilidad de afrontar los elevados costes de la construcción, las obras se interrumpieron y el palazzo quedó inacabado.

En 1750, Giambattista Rezzonico, cuya familia había obtenido recientemente el título nobiliario tras el pago de una considerable suma de dinero, adquirió el edificio y encargó a Giorgio Massari, el arquitecto más prestigioso del momento, que concluyera las obras. Desde entonces, el palazzo tomó el nombre de la familia Rezzonico. Los trabajos finalizaron en solo seis años, a tiempo para celebrar el fulgurante ascenso social de la familia, que alcanzó su punto culminante en 1758, cuando Carlo, hijo de Giambattista, fue elegido papa con el nombre de Clemente XIII.

Su éxito, sin embargo, fue efímero y ya había llegado a su fin en la generación siguiente. Sin herederos varones, la familia se extinguió en 1810 con la muerte de Abbondio.

Incisione di Vincenzo Coronelli, Ca' Rezzonico agli inizi del XVIII secolo

Durante el siglo XIX, el palazzo cambió de propietario en varias ocasiones y fue despojado progresivamente de todo su mobiliario. Entre sus ilustres huéspedes se encuentran el poeta Robert Browning, que pasó allí los veranos de 1887 y 1888 y falleció en el palazzo en 1889, y el compositor y autor de canciones Cole Porter, que lo alquiló entre 1926 y 1927.

Cuando el Ayuntamiento de Venecia lo adquirió en 1935 para albergar las colecciones de arte del siglo XVIII, el edificio se había convertido en un simple contenedor vacío. En poco tiempo, a las pinturas se sumaron muebles, objetos de uso cotidiano y también frescos arrancados y lienzos de techos procedentes de otros palacios venecianos. El resultado es un extraordinario museo de ambientación, cuyas salas permiten admirar las obras de uno de los períodos más brillantes del arte europeo, junto con el lujo y el esplendor de una residencia veneciana del siglo XVIII.

Salone da ballo Ca' Rezzonico

Palazzo

La entrada principal del edificio era originalmente la que daba al Gran Canal, a través de la monumental puerta de agua por la que accedían todos los invitados. El arquitecto Baldassare Longhena revisó de manera radical la concepción tradicional de la fachada del palazzo veneciano, que solía dividirse en tres partes: un cuerpo central con una hilera de ventanas y dos alas laterales. Longhena optó, en cambio, por utilizar un único módulo arquitectónico para toda la superficie, inspirado en las Procuradurías Nuevas de la Plaza de San Marcos (cuya construcción él mismo había completado) y reinterpretado en clave barroca. El marcado relieve de los distintos elementos crea un sugerente juego de luces y sombras.

Facciata ca' Rezzonico

La planta del edificio también presentaba una solución innovadora. El tradicional pórtico cerrado y continuo que atravesaba longitudinalmente los antiguos palacios venecianos, desde la entrada de agua hasta la entrada terrestre, fue aquí interrumpido por un patio interior. Esta disposición, típica de los palacios de tierra firme, no se había utilizado en Venecia. La solución resulta sencilla, pero muy eficaz.

En lugar de crear un espacio extremadamente oscuro, sin impacto arquitectónico ni escenográfico, se generó una sucesión de zonas de luz y sombra. Esto amplía visualmente el espacio y dirige la mirada hacia el escudo de armas de la familia, situado bajo una intensa luz sobre la fuente al final de esta cadencia rítmica de claroscuros. El efecto se veía reforzado por el hecho de que el escudo era originalmente el único elemento de color dentro del eje visual creado por la alternancia de espacios cerrados y abiertos.

El pórtico de la planta baja alberga hoy una góndola del siglo XIX equipada con el tradicional «felze», una cabina desmontable que protegía a los pasajeros de las miradas externas y garantizaba su comodidad e intimidad.

Cortile Ca' Rezzonico